Cuando en el siglo IX se encuentra el sepulcro del apóstol Santiago, se inicia una corriente de peregrinación que aún persiste. Peregrinos de todo el orbe acuden a Compostela por distintas rutas. Las primeras, mucho antes de que la frontera con los musulmanes se asegurara al sur de Duero y de que el Camino Francés adquiriera protagonismo, discurrían por las difíciles sendas a través de los pasos de la cordillera Cantábrica, aprovechando los viejos caminos usados por los romanos.
Una de aquellas primeras rutas es el Camino Olvidado, un precioso itinerario por los valles cantábricos meridionales, empleado entre los siglos IX y XII y considerado junto a los caminos Primitivo y de la Costa una de las rutas jacobeas más antiguas de las que se tiene constancia.
El Camino nos lleva en la provincia de Palencia a Aguilar de Campoo, lugar ideal para pernoctar y recuperar fuerzas. Desde allí, pasando por el monasterio de Santa María la Real, el Camino discurre por el paseo de los Cinco Caños hasta las inmediaciones del Embalse de Aguilar y sube por una senda escalonada para alcanzar la presa, luego nos lleva a través de un bosque de pinos con preciosas vistas del agua a nuestro lado. Esta pista llega hasta la misma orilla, en la zona conocida como “el Embarcadero”, lugar con unas vistas excepcionales y único para disfrutar de una puesta de sol. Los peregrinos que continúen a pie, pueden desviarse hacia Corvio y Matamorisca para llegar a Salinas de Pisuerga, pero también pueden embarcar en el Velero de Aguilar, para que el viento los lleve cruzando el lago hasta la ermita de Quintanahernando, en Salinas de Pisuerga, si el nivel del agua lo permite o hasta Renedo de Zalima, pintoresco pueblo de montaña, en la orilla del lago, donde retomar la ruta terrestre.
En la etapa del Camino Olvidado en velero, a través del embalse, Desde Aguilar de Campoo hasta Salinas de Pisuerga o Renedo de Zalima, a bordo del Velero de Aguilar, de unas tres o cuatro horas de duración, navegaremos sobre pueblos sumergidos, como Cenera de Zalima cuya torre asoma a la superficie en épocas de sequía, o Villanueva del Río, con su famoso puente de cinco arcos que se sumerge en invierno para resurgir en verano, avistaremos despoblados como Quinatanilla de la Berzosa, con su impresionante iglesia de San Martín, o Frontada y su iglesia restaurada de San Andrés, importantes exponentes del conjunto de iglesias románicas que jalonan el camino y que sin duda, cobijaron en su día, a no pocos peregrinos.
