Varios son los pueblos habitados -poblados-, y abandonados -despoblados- que jalonan las riberas del embalse, y todos ellos, como es seña de identidad de la Montaña Palentina conservan su encanto, sus viejas casas, sus iglesias medievales, sus plazas recoletas, y construcciones de tiempo inmemorial. Visitarlos todos con nuestro barco, nos llevará bastante tiempo, ¡pero no me resisto a contároslo todo!
La salida de nuestras singladuras la solemos hacer desde el Fondeadero del la Virgen Llano, junto a la Playa homónima. Aquí se encuentra la ermita, de nueva planta, donde reside la Virgen, patrona de Aguilar de Campoo. Antes del embalse, su ermita se encontraba a los pies de el monte “El Llano”, que da nombre a la gran ensenada que se creó en la zona. Su antiguo emplazamiento ahora está marcado por una gran cruz, junto al bosque a los pies del agua.
Avistaremos la gran cruz al pasar por el estrecho que forma El Llano y la Isla de los Conejos y dirigirnos al centro del embalse, allí reposa en el fondo, Cenera de Zalima con su iglesia de Santa Eugenia, cuyos restos afloran cuando aprieta la sequía y cuyos capiteles románicos permanecían allí, en la oscuridad de las profundidades, hasta que fueron desmontados y recuperados en 2017, aprovechando uno de los recurrentes estíos extremos que los dejaron al descubierto.
Desde Cenera, varias opciones, mi favorita, visitar el despoblado de Frontada, con su iglesia de San Andrés y su cementerio, que se salvaron del agua. Están escondidos en el bosque, y solo los descubrimos, con una sorpresa, de repente, navegando junto a ellos. Si quieres visitar el paraje podemos echar el ancla en una pequeña bahía ideal para un baño y/o para desembarcar. Desde Frontada, a lo lejos podemos ver lo que queda de Quintanilla de la Berzosa y sobre todo en el alto, su majestuosa iglesia de San Martín con tumbas antropomorfas labradas en la roca, también muy recomendable de visitar.
En vez de desviarnos hacia Frontada, si continuamos hacia el oeste avistaremos Renedo de Zalima, un pintoresco pueblo montañero, colgado de una ladera, entre el agua y las cumbres. Navegaremos sobre Villanueva del Río, cuya iglesia parroquial de San Juan Bautista fue desmontada piedra a piedra y trasladada al parque de la Huerta de Guadián en Palencia y donde con la sequía aflora su famoso puente del siglo XIII, con cinco grandes ojos.
Cuando hay suficiente agua, navegamos sobre el puente hasta llegar a Peña Cutral, apostadero de buitres, donde quedan restos de su antiguo molino. El cauce se va cerrando entre rocas, llegar es un largo camino en velero, pero quizá sea aquí donde encontramos el mejor lugar para el baño, una pequeña cala, que recuerda a las de Ibiza, junto a un cortado de roca caliza al que se agarran con sus raíces desnudas encinas centenarias, al sol y al socayo del Cierzo.
Si continuamos cauce arriba, este se vuelve a abrir, densos bosques a babor y verdes prados a estribor, San Mames de Zalima y corriente arriba, Salinas de Pisuerga y su ermita de Quinatanahernando a los pies del agua. A Quintanahernando solo podemos llegar a principio de temporada, después ya no hay agua suficiente. Tanto desde aquí, como desde Renedo de Zalima (cuando hay menos agua) los peregrinos del Camino Olvidado de Santiago, retoman la ruta pie.
Otra alternativa, cerca de Villanueva del Rio, por detrás de la isla de las ciervas, con el nivel de agua suficiente, surge otro ramal del embalse, de acceso escondido y estrecho, termina abriéndose en una gran ensenada poco profunda, allí aparecen ante nosotros tres pequeños pueblos, Barrio de San Pedro, Barrio de Santa María, -con Nuestra Señora de la Asunción y la ermita de Santa Eulalia- y Foldada con la iglesia del Salvador en lo alto. Otro lugar para fondear y contemplar.
